A principios del año próximo, el Centro de Geociencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) estudiará y monitorerá la actividad del volcán Tacaná, en la frontera de México y Guatemala.

Este trabajo lo realizaría en colaboración con la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, sumándose a los sistemas que opera la máxima casa de estudios en el Popocatépetl y en el Volcán de Colima.

Entrevistada en el Campus Juriquilla, la vulcanóloga Lucía Capra explicó que el Tacaná actualmente no tiene actividad evidente, en los años 80 registró una pequeña explosión pero friática, es decir, agua que se sobrecalentó.

Sin embargo con base en su un historia eruptiva se considera un volcán activo, su última explosión fue hace mil años, y es posible que eso obligara a los habitantes de la actual zona arqueológica de Izapa – en Tapachula Chiapas- a abandonar el sitio.

“Por los tiempos de recurrencia que se han visto en la historia eruptiva del volcán, puede ser que en caso de que se reactive pueda tener un impacto bastante importante sobre la zona”, dijo.

De acuerdo con la doctora Capra, los investigadores también realizarán “simulaciones” de diferentes escenarios eruptivos a partir de los cuales diseñarán mapas de peligro, es decir identificar las zonas que podrían ser afectadas dependiendo del tipo de erupción, alcance de las cenizas entre otros elementos.

Además de estudiar posibles emisiones, servirá para alertar a la población de otros fenómenos peligrosos como los lahares que ocurren durante las lluvias importantes.

“Un lahar es una corriente de agua y fragmentos sólidos que se desplaza de los flancos de un volcán. El agua al escurrir empieza a erosionar material solido hasta lograr una mezcla muy densa de material, parece una mezcla de concreto, que se desplaza rápido, hasta 40 kilómetros por hora”, explicó.

Cuando estas corrientes llegan hasta las poblaciones que hay en las desembocaduras del volcán, causan daños considerables en la infraestructura como puentes y carreteras.

aegm.

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