El Real Diccionario de la Lengua Española define a la palabra oportuno como algo que se hace o sucede en tiempo, a propósito o cuando conviene. Por otro lado define lo inoportuno como algo fuera de tiempo o de propósito. En la política lo oportuno es algo que provoca el éxito o que al menos coadyuva en forma muy importante a obtener un resultado positivo y a contrario sensu lo inoportuno es fuente de muchos problemas.

Por ejemplo, si Porfirio Díaz hubiera sido oportuno para retirarse otra hubiera sido la historia del país, o si el traidor Victoriano Huerta no hubiera aprovechado la oportunidad que se le brindo de tiempo, lugar y circunstancia su nombre lo recordaríamos tan solo por su alcoholismo y por haber perdonado la vida a un desconocido revolucionario llamado Francisco Villa. La reciente renuncia de Agustín Carstens como gobernador del Banco de México, aunque no tiene la importancia histórica de lo de Díaz ni de lo de Huerta, le viene a añadir al país un problema adicional dentro de la ya complicada situación que vivimos.

Para empezar el anuncio fue inesperado, muy sorpresivo y vino a incrementar la terrible incertidumbre que vivimos en la política y en la situación económica: desencanto con el gobierno y con el presidente Peña Nieto, la volatilidad de nuestra moneda, el escaso crecimiento económico y el endeudamiento exagerado y sobre todo el escepticismo y las dudas en torno a Donald Trump tornaron la coyuntura nacional en algo todavía más grave. Es decir, no pudo ser más inoportuna la renuncia de Carstens. Por otro lado se dio en la misma fecha en que el presidente Peña celebraba un acto masivo con motivo del inicio de su quinto año de gobierno y que lo hacía en la forma y modo que se acostumbra en el priismo, lo que hizo que se le imprimiera una dosis adicional de duda a la renuncia ya que en política nada es casual.

Por si algo faltara, Donald Trump acababa de hacer anuncios muy duros que afectaban a México como las acciones para que la empresa Carrier se viniera en forma integral a Nuevo León, las revisiones anticipadas al TLC y su insistencia en la construcción del famoso muro fronterizo.

Desde hace algún tiempo se venía hablando de diferencias profundas entre el gobernador del Banco de México y la Secretaria de Hacienda en temas como el aumento de la cantidad de circulante, la inyección de dólares al mercado y hasta evitar el incremento en las tasas de interés, así como otras medidas de política cambiaria. La dureza y el poder de Luis Videgaray hacían las cosas complicadas para lograr acuerdos, pero se pensó que con la llegada de José Antonio Meade, quien tiene un estilo más suave y cortés de concertar los asuntos, habría un mejor entendimiento lo que aparentemente tampoco resultó. Sin embargo hay varios que opinan que la renuncia de Carstens no fue producto de desavenencias con funcionarios, incluido el presidente de la República, sino de una mera decisión personal y profesional. Cualquiera que haya sido el motivo, la noticia incrementó la volatilidad del peso hasta niveles de 20.87 y el Índice de Precios y Cotizaciones bajó 0.95 entre otros efectos que incrementaron la incertidumbre económica imperante. Es decir, como veremos más adelante, Carstens abandona el barco en pleno huracán financiero como el mismo lo había definido.

Cartens cuenta con 58 años de edad, aunque por su exceso de peso se ve mayor; es originario del Distrito Federal y se recibió como economista en el ITAM. Posteriormente obtuvo una maestría y un doctorado en la Universidad de Chicago, por lo que es todo un Chicago Boy. Cuenta con una larga y distinguida carrera dentro del Banco Central en donde ha sido tesorero internacional y tesorero general de la institución. Fue coordinador de asesores del gobernador de Miguel Mancera y después director de Investigación Económica. En 1999 emigró a Washington para desempeñarse como director ejecutivo en el Fondo Monetario Internacional. En diciembre del 2000 el brillante y muy poderoso, casi vicepresidente de la República, secretario de Hacienda Francisco Gil Díaz lo nombró subsecretario del ramo en esa dependencia. En ese puesto desempeñó en muchas ocasiones el papel de villano que le asignaba Gil Díaz ante los gobernadores del país, con eficacia

Para agosto del 2003 se reincorporó al FMI como subdirector gerente y para diciembre del 2006 la sangre azul lo jaló para ser secretario de Hacienda en el gabinete de Felipe de Jesús Calderón. Las crisis financieras de esos años aconsejaron moverlo al Banco De México en donde se le designó como gobernador del mismo para el periodo 2010-2015. Previamente había hecho una gira internacional con el objetivo de ser director gerente del FMI sin lograrlo. Todavía el año pasado se postuló para un segundo término que debería terminar en el 2022.

El día del anuncio de su renuncia manifestó que lo hacía por haber tenido el honor de ser designado como gerente general del Banco de Pagos Internacionales, en donde ya figuraba como miembro del Consejo de Administración y manifestó que desde ahí seguiría sirviendo a México. ¡Caray que generoso! La verdad es que ya había rumores sobre su salida que él mismo había propalado, aunque aseguró que no había desencuentro con el gobierno.

Su salida en esta incertidumbre por la que atravesamos es nefasta y muy dañina. ¿Por qué aceptó ser reelecto gobernador por otro periodo si ya sabía cómo estaba la tormenta y lo peor que se venía? Si sólo son razones personales, pues está en su derecho aunque sea convenenciero, pero si lo obligaron debe de decirlo. Tampoco debemos rompernos las vestiduras, nadie es insustituible y el Banco De México es un cantera de talentos con más patriotismo que Carstens. Pero ¿por qué anunciarlo con tanto tiempo previo? Carstens permanecerá en el puesto hasta el 1 de julio de 2017, es decir ya con Trump en la presidencia de los Estados Unidos. ¿Qué ganamos entonces con echarle más lumbre a la hoguera con el anuncio de su salida?

Por eso creemos que la decisión la hizo el economista sin consultarlo a quien debía. La venta de reservas internacionales para evitar la caída del peso,el aumento de las tasas de interés, la crisis financiera de 2008 que nos pronosticó como catarrito y por poco nos mata una pulmonía son cosas que el tiempo dejará juzgar a Carstens, pero su inoportunidad en lo de su renuncia y su permanencia hasta julio serán motivo de análisis de muchos años y muchos mexicanos a los que se nos agravo la incertidumbre.