Imponer a como dé lugar la Ley de la Selva es el sueño guajiro de los ineptos. A pesar de que durante siglos no se encontró mayor justificación para la existencia del Estado que brindar la seguridad elemental, los gobiernitos oscuros y ramplones se la pasan colgándose de mil pretextos para librarse de esa pequeña carga, única razón de ser de su parásita estructura.

Haciendo a un lado todas las supuestas obligaciones, modalidades y la parafernalia que se ha escrito sobre el Estado, que de ser un Leviatán súper poderoso se ha convertido en una pobre entidad cargada de pasivos patrimoniales para con sus gobernados, lo único que le queda es su razón para existir.

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Permitir o alentar que se recomiende a la población armarse hasta los dientes en su automóvil, casa, oficina, es abdicar de la primera y última de sus obligaciones. Tirar el arpa de la justicia y renegar de su majestad de obra superior de la cultura. Convertirse en reino de molicie y desenfreno. El país donde todo está permitido.

Caer en la mafiocracia, estado superior del gobierno de los estúpidos, donde el rigor de la autoridad no lo impone el Estado, sino las organizaciones criminales que ocupan todos los vacíos de poder. El sueño dorado de los indolentes y corruptos.‎ A ellos lo único que les importa es gobernar para robar.

El Estado de Derecho legitima al poder, no la violencia

Y es que está dicho hasta la saciedad que el hombre, en su estado natural, sólo lucha por su existencia biológica. El propósito de conseguir seguridad es lo que hace que acepte ceder parte de su libertad para someterse al arbitrio de la autoridad. No hay otra razón.

Ciento cincuenta años antes de que Thomas Hobbes ejemplarizara al Estado como un monumental monstruo bíblico —El Leviatán–, formado por todos los seres y nacido de la razón humana, Maquiavelo, decía en su Discurso Moral de El Príncipe, que “el bien supremo es la fuerza y el poder del Estado”, a pesar de estar sufriendo en carne viva la tortura de los Medici.

‎En la médula de su obra se encontró la destrucción del Renacimiento y la reivindicación del Estado moderno como articulador de las necesidades de los hombres, para vivir en libertad y coexistencia con los demás. “El Estado es el monopolio legítimo de la violencia”, admitía hasta Antonio Gramsci, un teórico lúcido del comunismo.

Claro. Ponían límites. Ningún poder político puede mantenerse mediante el uso exclusivo de la fuerza. Lo único que legitima el poder es el Estado de Derecho, que restringe el alcance de los actos imperativos, pues los valores deben emanar del conjunto de la sociedad. Sin respeto a los desiguales y a los vulnerables, tolerancia a las expresiones y no discriminación, no hay libertad verdadera.

Al peñanietismo las cuentas no le alcanzan ni para ser evaluado

Tiene por lo menos treinta años que todos los organismos internacionales vienen sosteniendo que el costo de la violencia en México supera los diez puntos porcentuales del producto interno bruto‎. Bueno, esto se decía cuando el país crecía a tasas mediocres del 2% anual. Ahora, con lo raquíticos que andamos, usted dirá.

Al peñanietismo las cuentas no le alcanzan ni para ser evaluado. Es imposible hacer cuentas y cálculos nacionales que se respeten en un Estado como el mexicano, que ha abjurado de todo principio y toda obligación, aunque sean los más elementales.

Cuando Michelangelo Bovero vino a México, durante el foxismo, y se atrevió a recordar en una charla universitaria en Guadalajara el concepto griego de la kakistocracia, como el gobierno de los peores, no dejó de tener alguna cruda moral sobre su expresión. Creo que de volver ahora la soltaría sin recato alguno.

‎Lo único que hacía Bovero, era recordar las palabras de Norberto Bobbio, su maestro de filosofía política de Turín, quien decía que la kakistocracia se refería al gobierno que reúne lo sórdido, sucio, vil, perverso y nocivo se todos los demás. Aun así, le quedaron ciertos remordimientos teóricos.

Se cuelgan al son que les tocan los candidatos republicanos

‎Ahora no sería lo mismo. Hemos observado que cualquier enanito de quinto talón, de esos que se han pasado la vida, lápiz y micrófono en mano, medrando de los presupuestos y nóminas estatales se atreve a hablar como merolico y escupe sobre cualquier acción o atrevimiento del sistema, cuando hace apenas unos meses lo aplaudía a rabiar, desde sus silloncitos radioeléctricos.

Y es que las cosas han llegado al límite. Cualquiera se cuelga del son que tocan los autoritarios candidatos republicanos, totalitarios y ramplones, para echar su cuarto a espadas y repetir incansable el retintín que sea para descargar todas las culpas del aparato a sus incorregibles ejecutores y proponer las ideas más descabelladas.

Los panistas a la punta de la estampida. Todos los partidos políticos del espectro presupuestal conculcan las infelices propuestas de sus adelantados para denostarlas, como ésa del payasito senador Jorge Luis Preciado, que al parecer cuenta con el beneplácito del sistemita, pues el PRI se ha cuidado de tocarla ni con el pétalo de una flor de muertos.

Gómez Mont a la Fiscalía… ¿Transición adelantada?

Hasta se habla de que le ha sido ofrecida la Fiscalía General de la Nación a Felipe Gómez Mont, un panista demasiado orgánico, del clan Calderón-Zavala, como una pieza adelantada de la entrega previsible, aquélla que, a falta de cartas, le urge al peñanietismo para lograr oootra transición pactada, al estilo backstage, es decir, detrás del escenario, con acuerdos en lo oscurito, para que todos ganen.

Sin embargo, debemos recordar que las líneas duras siempre tienen rebote, más cuando quieren aplicarse entre una sociedad demasiado dolida por la depredación y la rapiña de sus gobernantes. No está La Magdalena para tafetanes. Los tiempos del experimento y del ensayo – error tiene tiempo que pasaron. El pueblo no es su conejillo de Indias.

Fosas clandestinas en 27 estados; escenografía del gobiernito

‎Decenas de miles de ejecutados, desaparecidos y desplazados. Levantones, secuestros, feminicidios, campos de exterminio, fosas comunes con cadáveres no identificados, cementerios manejados por delincuentes en 27 estados, corrupción absoluta y abandono de atribuciones, es el mejor escenario, la escenografía idónea para un gobiernito de descastados.

Gracias a la impunidad reinante, aquello que se hizo alguna vez sin recato alguno, puede volver a repetirse sin miedo. Asustados por las advertencias de Trump, los ratoncitos locales se apresuran a declarar y a proponer que es inteligente y sensato que cada familia se arme hasta las chaparreras.

No se dan cuenta, o a lo mejor porque sí se dan, que las recomendaciones de los topiles de Negroponte, el canciller republicano de la seguridad, es amarnos hasta los dientes, porque nos odian, porque estorbamos, porque quieren extinguirnos por terroristas. Desde luego que por el lado de los demócratas, nada es diferente. Pero siquiera cuidan la expresión de sus deseos.

¿Armarnos? Todo en lugar de que se pongan las botas

Parece que la consigna de los toluco – pachuquitas es que lloremos como desgraciados, aquello que no supimos defender como personas con arrestos y con amor a la patria.

¿Ya recibirían la felicitación de la Asociación gringa de los Amigos del Rifle? ¿Y los aplausos de los Minuteman, cazadores de migrantes, desplazados por los sistemas corruptos, en los desiertos de Arizona y Texas? ¿Y la de Chris Cox, aquél que le echa la culpa de las masacres de odio a los políticamente correctos?

Parece ser que sí. ‎Armarse hasta los dientes sigue siendo el sueño guajiro de los ineptos. Todo, antes que dejar de robar y ponerse las botas.

‎¿No cree usted?

Índice Flamígero: Me dicen que el descontento en las filas de las Fuerzas Armadas comenzó a gestarse cuando el general secretario Cienfuegos decidió que oficiales y tropa dejaran de recibir una compensación pecuniaria por su combate al crimen organizado. Que habría argüido que los elementos sirven a la Patria, que no son sicarios. Pero, agregan, esos dineros extra no se regresaron a Hacienda, cual dicta la norma, y nadie sabe a dónde fueron a parar. ¿Hablarían de ello, en Sinaloa, Cienfuegos y otros siete generales de división –al general Miranda, jefe del EMP, no lo dejaron entrar porque es “de brigada”— con EPN? ¿Ya saben qué hacer con el descontento que priva entre la soldadesca? + + + Escribe don Juan González: “Mucho se está hablando de lo que han robado todos los políticos en estos años, pero nadie habla del dineral que están embolsándose algunos ‘empresarios’ a costa del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México ni del grave daño al medio ambiente que esto está ocasionando. A continuación la historia… investiguen la terrible devastación que está ocurriendo en los cerros de los municipios de Otumba y San Miguel Atepoxco en el Estado de México, sin que las Secretarias del Medio Ambiente (Federal ni del Estado de México) hagan algo. Desde hace 6 meses, los cerros los están comprando intermediarios de empresas ganadoras de las licitaciones del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México. Los intermediarios han pagado a los dueños de los cerros cantidades muy inferiores por cada metro cuadrado, entre 50 y 130 pesos por m2 cuando lo normal sería un precio de 400 a 500 pesos por m2. Esto un robo descarado y sinvergüenza al patrimonio de décadas de los dueños de los cerros, tomando en cuenta la enorme cantidad de metros cúbicos y/o toneladas de material que extraen de cada cerro y que ellos revenden a las empresas ganadoras de las licitaciones hasta en 10 veces más de lo que originalmente pagaron. Esta historia es muy similar a la que sucedió hace unos meses en Guanajuato donde curiosamente también unos intermediarios compraron a campesinos muy pobres unos terrenos (294 hectáreas en total) pagando 4 pesos el metro cuadrado para después revenderlos al gobierno a 161 pesos por metro cuadrado, y que después este gobierno regaló a Toyota. ¿Coincidencia? Además del robo económico, el impacto ambiental por esta devastación voraz de los cerros es inmenso, gravísimo y la Secretaria del Medio Ambiente parece que no está enterada y urge que esto se detenga. Los intermediarios que se acercan a los dueños de los cerros dicen que son compañías constructoras pero no es verdad y nunca enseñan un papel que así lo demuestre. Quien ha realizado un 80% de estas operaciones es Carlos Ortega Álvarez, hijo de José Neri Ortega Blancas, líder de los transportistas en varios municipios del Estado de México y quien utiliza camiones del estado para llenarse de billetes. Tan redondo y descarado ha sido su negocio, que ya hasta les alcanzó para poner una gasolinera en la entrada principal de Otumba. Por cierto que es ya sabido que Neri Ortega es muy amigo de director de infraestructura del grupo aeroportuario de la Ciudad de México, de ahí que ahora se dedique a esta jugosa actividad. Todo esto lo pueden verificar preguntando en ambos pueblos. Todos estamos muy indignados, desesperados, nos sentimos impotentes ante este inmenso robo y la devastación de los cerros se ve desde la carretera.”

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