BRASIL.- El doctor Josef Mengele escapó a la justicia hacia Sudamérica al final de la Segunda Guerra Mundial y no pudo ser juzgado. Pero el destino le tenía reservado un giro inesperado, murió ahogado y se le enterró con un nombre falso. Pero sus huesos fueron identificados en 1985.

Esos huesos son los protagonistas de la historia, el doctor Daniel Romero Muñoz que dirigió al equipo que identificó los restos en primera instancia, tuvo una poco una idea: darles uso científico, por eso solicitó permiso para utilizarlos en sus clases de medicina forense.

Los vestigios óseos del llamado ‘Ángel de la Muerte’, pues, viajan de mano en mano de los estudiantes, quienes tratan de ligar sus características a la vida de Mengele. Pero la esperanza de los profesores de la Universidad de Sao Paulo, donde se están llevando a cabo los estudios, confían en que la enseñanza para los jóvenes vaya mucho más allá de lo científico.

“Pueden aprender cómo médicos, psiquiatras y otros científicos de primera línea estuvieron al servicio de la Alemania nazi y prestaron su conocimiento a la exclusión de grupos étnicos que fueron considerados razas inferiores. Esa exclusión culminó en el genocidio”.

Durante varios años, fue la principal autoridad del campo de concentración de Auschwitz (Polonia). El doctor Josef Mengele, que pidió el traslado voluntario al campo para poder experimentar con humanos, se encargaba de decidir el destino de cada una de las personas que llegaba a aquella fábrica de muerte. Pero no sólo eso: también llevaba a cabo disparatados y crueles experimentos con los prisioneros.

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