OPELIKA, ALABAMA.-  Cuando la competencia china invadió Estados Unidos, el condado de Lee, en el estado de Alabama, perdió 7.000 empleos en sectores como textiles, neumáticos y equipos para hacer ejercicios. Las tiendas vacías salpicaban el centro de Opelika, las solicitudes de subsidios por discapacidad se dispararon porque trabajadores con destrezas limitadas sufrían para conseguir empleo.

Ahora, en lugar de simplemente sobrevivir, el condado de Lee prospera. Su tasa de desempleo en octubre, de 4,7%, fue ligeramente menor que la de todo EE.UU. Desde 2001, el condado ha añadido 14.000 empleos, cinco veces la tasa de crecimiento del resto del país.

¿A qué se debe su resistencia? Una de las razones es que es sede de una importante universidad.

Durante el descenso de la manufactura que comenzó a finales de los años 90, la Universidad de Auburn, ubicada en la ciudad que lleva el mismo nombre, proporcionó una fuente estable de empleo, mejoró las destrezas de la fuerza laboral local y ayudó a atraer nuevos negocios que reemplazaron aquellos que se marcharon cuando comenzaron los problemas.

En 2014, General Electric Co. eligió su nueva planta en Auburn como la primera de la empresa en usar impresión 3D para fabricar productos en grandes volúmenes. Treinta impresoras en fila, que se asemejan a hornos de pizza comerciales, construyen miles de boquillas de motores de aviones al año, atendidas por unos cuantos técnicos en batas de laboratorio.

Alrededor de 190 personas trabajan en la fábrica, que también produce aspas de turbina usando métodos manufactureros convencionales. GE proyecta que la fuerza laboral aumentará a 300 empleados. El sueldo inicial es de unos US$16 por hora, frente a unos US$12 para muchos trabajos manufactureros en otras partes del condado.

Ricardo Acevedo, el gerente de la planta, dice que GE eligió Auburn porque la empresa podía contar con una mano de obra con alto nivel de educación y colaborar con la universidad en proyectos de investigación. “Necesitamos entender las propiedades” del polvo metálico usado en la impresión 3D para mejorar la consistencia de los productos, explica.

El malestar político que contribuyó a la victoria de Donald Trump en la elección presidencial de EE.UU. fue alimentado en parte porque el comercio global y la innovación tecnológica no generaron prosperidad o estabilidad social. Muchas ciudades universitarias han logrado resistir esas dificultades económicas, según investigaciones.

Un estudio a nivel nacional realizado por el Brookings Institution para The Wall Street Journal halló 16 áreas geográficas donde el crecimiento total del empleo fue sólido, pese a que los trabajos manufactureros disminuyeron de forma más pronunciada en esos lugares entre 2000 y 2014 que el promedio de todo el país. Entre esas 16 áreas, la mitad alberga una universidad importante.

Trump ganó el voto presidencial en cerca de 85% de los condados de áreas identificadas por Brookings como resistentes, en línea con el porcentaje a nivel nacional.

“Los lugares de mayor nivel educativo con universidades tienden a ser más productivos y más capaces de pasarse de industrias en declive a las que están en crecimiento”, afirma Mark Muro, especialista urbano de Brookings. “En última instancia, las ciudades sobreviven adaptando continuamente sus economías a nuevas tecnologías, y las universidades son centrales para eso”.

John Van Reenen, economista del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), concluyó que duplicar la cantidad de universidades en 78 países entre 1950 y 2010 produjo un aumento de 4% del Producto Interno Bruto per cápita en las regiones donde se inauguraron las nuevas instituciones.

Los ingresos de los que no terminaron la secundaria en pequeñas ciudades universitarias aumentan más con el tiempo en términos porcentuales que los de los graduados universitarios debido al alza de la demanda de trabajadores de restaurantes, obreros de construcción y otros empleos de baja calificación, señala Enrico Moretti, profesor de economía de la Universidad de California en Berkeley.

Aprovechar los recursos de universidades cercanas ayuda a sus comunidades a capear períodos de turbulencia económica. EE.UU. tiene aproximadamente 4.700 universidades e institutos técnicos, por lo que prácticamente todas las áreas podrían convertirse en motores de desarrollo económico.

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