CIUDAD DE MÉXICO,- El cambio en la banca es obligado a través de la transformación digital, misma que deberá hacer frente a las necesidades de usuarios, quienes buscan seguridad, aunque no todas las entidades financieras pueden responder ante un fraude cibernético.

Kaspersky Lab en coordinación con B2B International levantaron una encuesta entre instituciones financieras y descubrieron que 38 por ciento no es capaz de distinguir entre un ataque con fines de fraude y la actividad normal de sus clientes.

Frente al crecimiento de las tecnologías de seguridad hace que las organizaciones actúen en un ambiente complejo y confuso, por lo que trabajan cegadas digitalmente, indica el equipo de Investigación y Análisis en Kaspersky Lab, Dmitry Bestuzhev, ante la diversidad de dispositivos y protocolos.

“Con la diversificación de dispositivos y protocolos de comunicación; junto con el exponente crecimiento de las tecnologías de seguridad informática, que incluyen diversos tipos de monitoreo, detección y prevención, en realidad hemos llegado a una situación donde muchos han adquirido una especie de ceguera digital”, comentó.

La encuesta también arrojó que 41 por ciento de las empresas financieras ha implementado una solución interna de ciberseguridad y 45 por ciento de éstas depende de las soluciones adoptadas por los bancos de las que son usuarios para que los riesgos sean menores.

Con el número de transacciones en línea creciendo los fraudes se vuelven cada vez más comunes y aunque el 46 por ciento de las empresas ha implementado alguna solución parcial para evitar un fraude, el uso de medidas obsoletas siegue siendo una constante.

Bestuzhev afirmó que muchas de las tecnologías que suelen ser usadas por considerarlas modernas son en realidad obsoletas para contrarrestar los ataques de los delincuentes, quienes tienen métodos que les permiten hacerse de los datos de los clientes.

“De hecho, muchas de las tecnologías modernas que se llaman “de punta” en realidad sirven poco y son obsoletas. Definitivamente no se puede usar la seguridad medieval que se enseña todavía, como la base de toda seguridad en este mundo”, agregó.

Las consecuencias de no protegerse contra fraudes o falsos positivos pueden ser fatales para las organizaciones, las cuales no sólo se arriesgan a pérdidas económicas, sino también a perder clientes y prestigio en el mercado.

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