OTTAWA,- El gobierno del primer ministro del partido Liberal, Justin Trudeau habló hace unos meses un paquete de grandes gastos en infraestructura y beneficios impositivos con inversión de 120.000 millones de dólares canadienses (91.390 millones de dólares) en obras de infraesctructura  durante los próximos diez años.

Es un claro indicio en la lucha global por estimular el crecimiento, un experimento canadiense con el gasto fiscal que es seguido con atención en las mayores economías del mundo. Es una apuesta audaz para reactivar una economía que lucha contra el derrumbe del precio de las materias primas, especialmente el petróleo, otrora una de las principales exportaciones del país. El plan también pone de relieve los límites de las políticas estímulo monetario.

El banco central recortó las tasas de interés dos veces en 2015 para dejarlas en 0,5% y ha reconocido, al igual que sus homólogos de otras economías desarrolladas, que la política monetaria pierde fuerza cuando las tasas de interés son muy bajas.

El plan de gastos en infraestructura de Trudeau será financiado en gran parte por un aumento del déficit fiscal, que se prevé alcance 29.400 millones de dólares canadienses este año, alrededor del 1,5% del Producto Interno Bruto. Se trata de un giro brusco respecto del compromiso de equilibrio presupuestario de su predecesor conservador, que trazó un camino de austeridad del que Trudeau se está ahora apartando.

El experimento canadiense contrasta con la situación de muchas otras economías, cuyos ministros de Finanzas y banqueros centrales acudirán a Washington esta semana para participar en la asamblea semestral conjunta del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Algunos países, como Australia—que también ha sido golpeada por la caída de las materias primas—tratan de coordinar su política fiscal y monetaria. No obstante, las principales economías avanzadas se siguen ajustando el cinturón, lo que vuelve más inusual el estímulo canadiense financiado por deuda.

“Los ojos del mundo —de los economistas— estarán atentos para ver cómo se desempeña Canadá”, dijo Martin Eichenbaum, economista de la Universidad de Northwestern e investigador del C. D. Howe Institute, un centro de estudios canadiense. “Todos estamos mirando para ver: ¿darán con la fórmula?”

Aunque Canadá está apartándose de la mayoría de las principales economías del mundo, la idea de depender más del gasto en infraestructura para impulsar el crecimiento está volviendo a ponerse de moda. Años de tasas de interés ultra bajas no han sido suficientes para estimular el crecimiento mundial y muchos economistas sostienen que la política fiscal tiene que hacer su parte.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, con sede en París, pidió en febrero a los gobiernos que aprovechen las bajas tasas de interés para endeudarse e impulsar el gasto en infraestructura como parte de un esfuerzo colectivo para apuntalar el crecimiento global. Un gasto fiscal coordinado ayudaría a los países a maximizar los beneficios, indicó la economista jefa de la OCDE, Catherine L. Mann, quien agregó que Canadá tomó las decisiones correctas para decidir en qué gastar su dinero y que es un ejemplo de la clase de comportamiento promovido por la organización.

El plan canadiense también fue elogiado por el FMI, que ha instado a los gobiernos a hacer más para reforzar la alicaída economía global. El ministro de Finanzas canadiense, Bill Morneau, ha manifestado que el paquete de gastos—que durante los dos primeros años consistirá aproximadamente en un 40% de inversión en infraestructura y la mayor parte del resto en prestaciones por hijos y otras transferencias sociales—podría añadir 0,5% al crecimiento de Canadá en el año fiscal que termina en 2017 y 1% en el año fiscal que termina en 2018.

El crecimiento de Canadá, que durante la década anterior a 2008 promedió cerca de 3%, fue de apenas 1,1% en 2015. El Banco de Canadá proyecta una expansión en torno a 1,3% en 2016. Ambos candidatos presidenciales estadounidenses, Hillary Clinton y Donald Trump, han llamado a hacer nuevos gastos en infraestructura mientras que Reino Unido considera un estímulo adicional después de la decisión de abandonar la Unión Europea.

Japón, por su parte, anunció hace poco un paquete de US$74.000 millones. El gobierno japonés ha aumentado su significativamente a lo largo de los años mediante medidas de estímulo.

Todavía no está claro si la apuesta canadiense dará sus frutos y gran parte del gasto aún no se ha detallado. Aunque la mayoría de los proyectos de infraestructura a corto plazo anunciados en los últimos meses debe ser completada en los primeros meses de 2018, la mayor parte del plan de gastos se extenderá durante los próximos 10 años.

Otras economías avanzadas, muchas de las cuales se hallan en una situación parecida a la de Canadá, estarán atentas a los resultados de esta experiencia.

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