CIUDAD DEL VATICANO,- A su arribo en 2013 el mundo se maravilló y consideró que había llegado un papa acorde con los tiempos, un hombre de gestos espontáneos y no formalidades rituales. Francisco pagó su propia cuenta de hotel y evitó los zapatos rojos. Cambió los lujosos aposentos papales y se alojó en la acogedora casa de visitas del Vaticano.

Y su tono antidogmático “¿Quién soy yo para juzgar”?, esta actitud presumía la vuelta de los católicos a una Iglesia, que no resultara ta  prohibitiva como fría. El invierno pasado, Austen Ivereigh autor de una excelente biografía, escribió sobre una postura menos rígida sobre la comunión para los divorciados y vueltos a casar “ello podría desencadenar un regreso a las parroquias a gran escala”.

Durante sus primeros días, la orden jesuita, a la que pertenece Francisco, se esforzó por llevar a los protestantes de vuelta al rebaño de la Iglesia. ¿Podría hacer lo mismo Francisco con los católicos cansados de los titulares sobre abuso de menores y conflictos de valores?

En cierto sentido, las cosas sí han cambiado. La percepción del papado, o al menos del papa, ha mejorado. Francisco es mucho más popular que su predecesor, el papa Benedicto XVI. El 63 por ciento de los católicos estadounidenses tienen una imagen favorable de él, mientras que solo el 43 por ciento la tenían de Benedicto en la cima de su popularidad, de acuerdo con una encuesta de 2015 de The New York Times y CBS News. Francisco también puso énfasis en tratar de llegar a los católicos desencantados.

Pero ¿de verdad están regresando los católicos? En Estados Unidos, por lo menos, no ha sido así. Nuevos hallazgos del Centro de Georgetown de Investigación Aplicada sobre el Apostolado sugieren que no ha habido ningún Efecto Francisco, o al menos no uno positivo. En 2008, el 23 por ciento de los estadounidenses católicos iban a misa cada semana. Ocho años después, la asistencia semanal a misa se ha mantenido igual o se ha reducido por un pequeño margen, para llegar a 22 por ciento.

Por supuesto, Estados Unidos es solo una parte de una Iglesia mundial. No obstante, los investigadores de Georgetown encontraron que cierto tipo de prácticas religiosas se han debilitado en comparación con el papado de Benedicto. En 2008, el 50 por ciento de los millennials informó haber acudido a la iglesia el Miércoles de Ceniza, y el 47 por ciento dijo haber hecho un sacrificio además de abstenerse de comer carne los viernes. Este año, solo el 41 por ciento comentó haber recibido ceniza y solo 36 por ciento afirmó haber hecho algún sacrificio extra, de acuerdo con el centro de investigación. A pesar de la popularidad personal de Francisco, los jóvenes parecen estar alejándose de la fe.

¿Por qué la popularidad del papa no ha revitalizado a la Iglesia? Tal vez es demasiado pronto para juzgar. Probablemente no podamos tener la medida exacta del Efecto Francisco sino hasta que la Iglesia esté dirigida por obispos designados por él y sacerdotes que adopten su enfoque pastoral. Eso puede tomar años o décadas.

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