MÉXICO.-  El corrido en general ha sido, desde su origen, una crónica de la realidad. Pero con las décadas, los de temática relacionada con el narcotráfico se han transformado, ante un contexto nacional cada día más violento, en su narrativa y han incorporado descripciones de las descarnadas acciones de los sicarios: ejecuciones, degüellos, levantones y todas las demás formas que adopta el crimen que realizan.

Nacidos como subgénero del corrido tradicional –en el que se cuentan las hazañas de personajes, héroes independentistas o revolucionarios–, los registros apuntan a que los primeros narcocorridos surgieron a principios de la década de los 30 del siglo pasado, en la frontera entre México y Estados Unidos.

Por otro lado, los llamados narcocorridos, un género musical que basa su temática en idolatrar las hazañas y andanzas de los traficantes de droga, pueden ubicar su nacimiento en entre 1931 y 1934. De acuerdo con Juan Carlos Ramírez-Pimienta, académico de la Universidad Estatal de San Diego Imperial-Valley,  las primeras canciones, eran muy diferentes a los actuales, incluso a los de los años 70, los cuales eran interpretados por Los Tigres del Norte.

Noemie Massard por su parte, en el ensayo El narcocorrido mexicano: expresión de una sociedad en crisis, señala que el tema de la droga, sí invade al popular subgénero musical del corrido, es sintomático de la profundidad y de la gravedad de las nuevas crisis sociales que sufre México en los últimos años.

“El narcocorrido refleja la crisis económica y la caída progresiva del sistema heredado de la Revolución. Si es verdad que la Reforma Agraria había devuelto las tierras a los campesinos, hoy en día el pequeño agricultor no encuentra salida y prefiere reemplazar el maíz por la marihuana, aumentando así de manera evidente el valor de la tierra cultivada y del cultivo mismo”, expone en su escrito.

Édgar Morín, doctor en antropología, académico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y autor del libro La maña, señala que el narcocorrido no es algo homogéneo, sino que tiene una serie de matices con un componente literario; el compositor describe los hechos, los condena o los califica al grado de llegar a la apología; dan cuenta de una realidad que muchas veces no se cuenta y que el gobierno trata de ocultar, y muchos otros son escritos por encargo, a fin de resaltar una figura.

Ramírez-Pimienta quien ha estudiado este tipo de música desde los años 90, cuando era estudiante del posgrado en letras en la Universidad de California, en Los Ángeles, afirma que el fenómeno de la narcocultura, y dentro de éste los corridos de narcos, están relacionados con el contexto económico del país.

“Tras su origen, se dio un lapso de más de 20 años en el que era casi imposible encontrarlos: entre los años 40 y finales de los 60. En el periodo del milagro económico no hay registro de ellos. El género renace cuando comienzan las crisis, a partir de los años 70, y tuvo su primer auge con Los Tigres del Norte, con corridos hasta inocentes como Contrabando y traición y La banda del carro rojo”.

Es en la década de los 80, cuando Rafael Caro Quintero era la figura dominante en el mundo del narcotráfico, donde se produce una primera transformación en los contenidos de estas canciones. Se da un cambio epistemológico en la figura del héroe del corrido; ya no es sólo el que trafica, sino también el que ostenta lujos y dinero, consume narcóticos, alcohol y es un conquistador de mujeres. Un hedonista.

El contexto nacional volvió a transformar al género. En diciembre de 2006, Felipe Calderón declara la guerra al narcotráfico y, lejos de brindar mayor seguridad, la estrategia provoca más ejecuciones, enfrentamientos, desapariciones, descabezamientos. Cientos de miles de víctimas, según organizaciones nacionales e internacionales de derechos humanos.

De inmediato el narcocorrido refleja esa nueva realidad: entre 2007 y 2011 surge el llamado Movimiento alterado, con letras totalmente explícitas, hiperviolentas, pero a la vez súper reales: descabezados, colgados, pozoleados. Los cárteles están en guerra entre sí y con el Estado, y la música lo refleja”, enfatiza el académico.

No sólo el contenido ha transformado a este género; la tecnología ha jugado un papel relevante para su promoción y difusión. Enrique Pimentel, del Seminario de Comunicación y Cultura de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán, de la UNAM, indica que hace varias décadas para grabar y publicitar esta música era necesario un largo proceso y se requería de sellos disqueros que dieran su apoyo.

En años recientes en varias entidades del norte del país se han formulado iniciativas para prohibir la grabación y difusión de estas expresiones culturales. En Chihuahua, por ejemplo, existe una ley que va en ese sentido y hubo intentos en Sinaloa y Durango.

En mayo de 2011, el gobernador de Sinaloa, Mario López Valdez, publicó en el Diario Oficial del estado varias reformas a la Ley de Alcoholes, la cual establecía que los lugares que difundieran narcocorridos se les retirarían los permisos para vender bebidas alcohólicas.

En ese caso, en 2013 la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) determinó que el gobernador López Valdez se extralimitó en sus funciones al hacer dicha modificación.

Los ministros de la Corte concluyeron que la medida de prohibir la difusión de ese tipo de música “no constituye propiamente una medida de combate al alcoholismo, sino que se inserta en el ámbito de la moral pública y el respeto a las buenas costumbres, lo cual es materia de los Bandos de Policía y Buen Gobierno” que corresponde expedir a los Ayuntamientos y no al gobernador de la entidad.

con información de agencias y La Jornada

 

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