AGUASCALIENTES.- Pacientes con lesiones de médula espinal, tienen una nueva esperanza, gracias al trabajo de José Luis Quintanar Stephano, profesor investigador de la Universidad Autónoma de Aguascalientes (UAA).

Quintanar Stephano, ha estado experimentando con acetato de leuprolida, un neurorregenerador, que permite recuperar parcialmente el movimiento y la sensibilidad en pacientes con lesiones de médula espinal.

Un grupo de 45 pacientes que han recibido cada mes la aplicación de una inyección de acetato de leuprolida han experimentado mejorías en los movimientos corporales, control de esfínteres urinarios y recuperación parcial de la sensibilidad en sus extremidades. Los resultados de la investigación, la cual tardó 15 años en desarrollarse, establecieron que el porcentaje de recuperación es variable, toda vez que depende de factores como la magnitud, el nivel y tiempo de la lesión que presentan las personas tratadas.

Se estima en promedio un porcentaje de regeneración de 40 por ciento y sus efectos son permanentes.

El proyecto en general es neurorregeneración, o sea, regeneración del sistema nervioso. Sabemos que el sistema nervioso no se reproduce así como tal; sin embargo, sí se puede regenerar: regenerar la propia neurona, el propio tejido nervioso. No que se regenere apareciendo nuevas neuronas, sino que la célula, si está en cierto nivel alterada, lesionada o dañada, puede todavía volverse a componer y, por lo tanto, también realizar su función, que es lo importante”, explicó Quintanar Stephano.

El investigador ya ha solicitado el registro de patente de segundo uso para el acetato de leuprolida, para su aplicación como neurorregenerador en pacientes con lesión medular, ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI).

Como muchos de los grandes descubrimientos de la ciencia, este fue el resultado de un golpe de suerte. Quintanar Stephano explicó que mientras trabajaba junto con su equipo de investigadores en un cultivo de neuronas, de manera fortuita, notaron que la hormona liberadora de gonadotropina (GnRH) inducía el crecimiento en las células nerviosas.

“Entonces estábamos probando unas sustancias que ya existían en el mercado o que ya estaba demostrado que producían el crecimiento, de manera que necesitábamos un control negativo, un control donde no se manifestara este efecto, y en ese ensayo encontramos justamente lo contrario, que crecía de una manera desmedida, y eso obviamente nos llamó la atención”.

José Luis Quintanar subrayó que a partir de ello se realizaron numerosos estudios con cultivos de neuronas con la finalidad de evaluar diferentes variables, como proteínas, puntos de contacto y proyecciones; entonces, una vez que concluyeron con el stock de ideas más básicas y tras haber obtenido resultados positivos, fue que se decidió comenzar a experimentar con modelos animales.

con información de la niversidad Autónoma de Aguascalientes y Conacyt

digitallpost, José Luis Quintanar Stephano crédito: conacyt
digitallpost, José Luis Quintanar Stephano
crédito: conacyt

jcrh