PARÍS, FRANCIA.- Le tomó medio siglo, pero finalmente el arte callejero logra reconocimiento, al grado de que este mes se inaugura el primer espacio de exposición permanente en París. Para algunos expertos, esto puede ser señal de cierto aburguesamiento.

Como precursores de esta muestra, tenemos al enigmático Banksy en Roma e intervenciones de JR en el Louvre y de otros grafiteros en la Villa Medici.

Hoy se considera el arte callejero como una representación de la libertad, pero es falso”, estima Paul Ardenne, historiador de arte contemporáneo. Para este especialista en arte urbano, la imagen de “artistas indomables que trabajan de noche arriesgándose a ser capturados por la policía” es ante todo una “fantasía”.

Nacido en Nueva York a finales de los años 1960 con pintadas en los metros y grafitis en las paredes, el street art estuvo desde siempre vinculado al vandalismo y la protesta, pero hoy a perdido parte de esa mala reputación.

Un fenómeno acentuado por la creación de museos, en Ámsterdam, San Petersburgo y el año próximo en Berlín.

“La esencia del arte callejero es la militancia en los muros, pero paralelamente hay un trabajo en el taller”, destaca Nicolas Laugero-Lasserre, que prestó 150 obras de su colección personal para la creación del primer centro de este tipo en París.

Los artistas viven y se pagan viajes para dejar su huella en paredes del mundo entero gracias a la venta de sus obras, destaca este aficionado. Algunos, como Futura 2000, pionero del grafiti, que expone desde los años 1980, optaron por pasar de los muros callejeros a los de las galerías.

A lo largo de los años, Nicolas Laugero-Lasserre amasó una colección de serigrafías, fotos u obras de artistas como Shepard Fairey (el cartel Hope de Barack Obama), Blu, conocido por haber cubierto de pintura negra uno de sus murales en Berlín para no favorecer la especulación inmobiliaria, o Space Invader y sus mosaicos.

Los inevitables JR y Banksy también participan, así como artistas emergentes menos conocidos del público en general.

Después de haber presentado esas obras en distintas muestras, Xavier Niel -fundador del operador telefónico Free y séptima fortuna de Francia- las expone en una escuela de formación digital.

A pesar de esa nueva vitrina, el arte callejero es aún objeto de “cierto rechazo de las instituciones”, estima Magda Danysz, una especialista de arte contemporáneo instalada en París y Shanghai.

En términos de reconocimiento, seguimos a la espera de una gran muestra sobre el tema”, declara. “El arte urbano no son tres grafitis en un terreno baldío. Es un fenómeno artístico que logró adornar todos los muros del planeta”, destaca.

Frente a esas reticencias, “cuanto más se hable del arte callejero, mejor es”, estima Mehdi Ben Cheikh, un galerista que lanzó el proyecto Torre París 13, un edificio transformado en gran muestra efímera en 2014, que reunió a un centenar de artistas antes de ser demolido.

En teoría, prefiere la calle y multiplica los proyectos en el distrito 13 de París.

“La calle sigue siendo esencial para los artistas, es lo que los inspira. Todavía hay muchos lugares en el mundo donde el arte callejero es ilegal” u objeto de condenas, confirma Magda Danysz.

La prueba es el famoso Señor Gato, que tras decorar los muros de París con simpáticos felinos domésticos hoy corre el riesgo de ser condenado a tres meses de cárcel por haberlo hecho en las paredes de una estación de tren.

jcrh