BRASIL.- Chapecó amaneció en silencio… Pese a las cintas negras que cuelgan de los edificios y estatuas de la ciudad, nadie quiere creer todavía lo que ocurrió en la lejana Medellín. Entre las montañas de una noche terrible acabó el sueño del equipo que había roto la rutina de esta austera localidad de casi 200.000 habitantes en el interior de Santa Catarina (sur de Brasil).

La muerte de los integrantes del club Chapecoense, ocurrida durante un trágico accidente de aviación la noche de este lunes en Colombia, cortó de tajo los sueños y aspiraciones de un grupo de jóvenes y de una institución que luego de pasar años luchando en las duras divisiones inferiores del futbol brasileño -donde no hay cámaras ni gimnasios y los salarios, cuando llegan, son fruto del equilibrio de las ahogadas directivas-, había conseguido conquistar al fin a su gente convertida en un matagigantes continental.

Con sus cuentas saneadas, el club del interior ya no tenía miedo.

Ante un estadio lleno como nunca, el Chapecoense dio la sorpresa tras ser capaz de mantener su arco sin goles ante al potente San Lorenzo argentino. Fueron 90 minutos de tensión, alegría, angustia y muchos nervios que, al final, explotaron en una euforia desconocida. Ante la sorpresa de propios y extraños, el conjunto verde se instalaba en la final de la Copa Sudamericana… un hito en la historia de un club con apenas 43 años de vida.

Todo Chapecó iba a estar pegado este miércoles a la televisión para ver el cruce de ida ante el Atlético Nacional, mientras muchos preparaban sus camisas verdinegras para viajar a Curitiba la próxima semana.

Ahora, sin embargo, se preparan para recibir a sus muertos.

jcrh