Goleada sí hubo del Madrid al Legia, pero lo de confirmación de que los de Zidane han dejado atrás su bache, va a ser que no. El Real Madrid ganó al equipo polaco porque es mucho mejor, pero aún así, los blancos dejaron más sombras que las luces que fueron los goles.

Buena parte de culpa de que eso sucediera fue de Zidane que sigue jugando con los puestos que tiene para hacer rotaciones –más allá del lateral con Danilo y Carvajal– que son los acompañantes de Kroos en el centro del campo. Ante el Betis, apostó por Kovacic e Isco y la jugada le salió redonda. Esta noche cambió la jugada y puso a Asenso y James en un once eminentemente ofensivo. O lo que es lo mismo, Zidane decidió que ante el Legia, la asignatura de defender no tocaba. Así, se vio a un Real Madrid que no quería saber nada de tener el balón, que eso de las transiciones eran paparruchadas, que ante un equipo inferior, lo mejor era llegar lo más rápido posible al área contraria para colgar balones. Todo lo que no fuese eso, incluido defender, no valía.

El Legia era consciente de lo que le esperaba y bien armado atrás, se defendía como podía del acoso blanco, pero de inmediato se dio cuenta de que el Madrid un desastre defensivamente. Nadie presionaba, Kroos estaba solo intentando poner algo de sentido común, mientras James y Asensio se perdían marchándose al ataque. El Legia, viendo la verbena blanca se dio cuenta que a la contra podía llegar al área de Keylor. Y vaya si llegó. Si el Madrid creaba ocasiones, los polacos no le iban a la zaga y tuvieron la primera con un balón al poste de Odjidja. Primer susto de la noche para un Bernabéu que se las prometía muy felices. Suerte para la parroquia blanca que su sufrimiento duró poco porque en el minuto 16, Bale marcó el 1-0 y casi sin tiempo para celebrarlo, Jodlowiec en propia puerta a disparo de Marcelo ponía el 2-0 en el minuto 20. La noche parecía que iba a ser un paseo militar para un Madrid, pero no porque Danilo cometió un penalti que transformó Radovic en el 2-1 en el 22’. Todo eso pasó en seis minutos que dejaron la sensación de que el Madrid ganaba por pegada, no por juego y que el Legia podía dar más sorpresas. Y así fue porque los polacos fueron a por el empate hasta el punto de que se escucharon pitidos tras una ocasión visitante.

Ahí apareció de nuevo la pegada blanca para poner el 3-1 en el minuto 37 por obra de Asensio, aunque el gol debió de ser anulado por fuera de juego de Danilo en el arranque de la jugada. Sea como fuera, el gol subió al marcador y así, se llegó al descanso de un encuentro que el Madrid dominaba en el marcador, no en el campo. Una tónica que se repitió en la segunda mitad en la que no cambiaron los papeles de ninguno de los dos equipos. Los minutos iban cayendo hasta que Zidane decidió darle liar un poco más el inexistente dibujo blanco. Retiró a Bale y James para poner a Morata y Lucas con lo que el Madrid jugaba una especie de 4-1-4-1 por decir algo porque en el campo parecía que cada uno jugaba donde quería. A pesar de todo, le salió bien porque en el minuto 68. Lucas marcó el 4-1 y Morata, el 5-1 en el 84’. Así se acabó otra goleada blanca en la que, por cierto, no marcó Cristiano.
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