Por lo visto, la realidad en China es capaz de superar la ficción sin problemas. O eso al menos parece pensar un grupo de escritores chinos que han comenzado a practicar un género literario que han llamado ultrairrealismo. Su intención es contar historias absolutamente reales que nadie puede creerse por lo increíble de su desarrollo. Se separa del realismo mágico en que, por suerte o por desgracia, los hechos narrados son ciertos, incluyendo la parte que nadie se creería.

El principal autor de esta corriente es el escritor Ning Ken, que trata de dar salida a lo absurdo de muchas situaciones habituales en la China moderna bajo el género del chaohuan, un hiperrealismo que refleja lo irreal y que es capaz de despertar el sentido de la maravilla en los lectores.

Del mismo modo que el realismo mágico, el chaohuan refleja la vida diaria de comunidades dirigidas por poderes centrales, que tratan de normalizar hechos extraños a través de una estricta burocracia. Pero en lugar de usar las ricas tradiciones fantásticas chinas, Ken no tiene más que trabajar con hechos reales.

Por ejemplo, en China existen cientos de pueblos en los que solo viven abuelos y niños, ya que todos los adultos han emigrado a ciudades fábrica (se calcula que 29 millones de chinos están en esta situación); también podemos encontrar ciudades enteras perfectamente equipadas y terminadas pero completamente vacías a la espera de que entren en la planificación estatal (o bien porque se han caído de esta). Otro ejemplo serían los pequeños pueblos atrapados dentro del crecimiento salvaje de ciudades en pleno desarrollo, que se convierten en pequeñas islas dentro de gigantes de cristal y hormigón.

Por no hablar de situaciones políticas y sociales. Cuando arrestaron por corrupción al general Guo Boxiong, encontraron tanto dinero en su casa que no podían calcularlo en el sitio con contadores de dinero normales, así que llevaron una grúa y lo contaron por toneladas. Sí, al peso.

Mediante la narración de estas situaciones tan extrañas, el chaohuan permite a autores como Ning Ken hablar de la situación en China desde una perspectiva crítica, pero con la que es capaz de esquivar la censura del gobierno, al menos por el momento.

Alfredo Álamo