GUANAJUATO, MÉXICO.- Cada que puede, el tenor Francisco Araiza lo dice: “soy made in México”. No niega la cruz de su parroquia: creció en la colonia Victoria de las Democracias de la Ciudad de México y se educó como cantante al lado de la gran soprano y maestra mexicana: Irma González.

Este domingo 9, brindó un concierto en el Teatro Juárez, como parte de la programación del XLIV Festival Internacional Cervantino.

El tenor decidió dedicar su concierto a la maestra González, a quien considera su mentora, amiga y casi madre. Este sábado, la cantante hubiera cumplido 100 años y, de haber podido, seguramente habría asistido al concierto para aplaudirlo, pero también para corregirle la respiración, el apoyo y el adecuado uso de la lengua, tal y como lo hizo en 1977, cuando Araiza regresó de tres años de triunfo en Europa.

Acompañaron a Araiza la soprano Maridja Vilovic, de origen croata y alumna suya, así como el pianista de origen ruso, radicado en Morelia, Alexander Pashkov. Juntos abordaron una de las colecciones de lieder más difíciles: el Cancionero italiano, de Hugo Wolff.

Araiza, ganador en este año de la Presea FIC, asegura que lo más complejo de interpretar este cancionero es la necesidad de interpretar, a sus 65 años, a un jovencito de entre 14 y 17 años, quien a través de 46 canciones narra su enamoramiento y su desilusión.

El cantante, uno de los más reconocidos tenores mozartianos del mundo, afirma que el ciclo requiere técnica, sensibilidad y dinámica, además de “una voz bonita, dulce y potente”, como la de Vilovic, quien agradece el cumplido asegurando que al trabajar con Araiza puede aprender cada minuto de él.

El lied es disciplina de reyes: es intelecto, cultura e investigación (para el cantante). En el género los compositores muestran su capacidad para crear microscosmos.”

Advierte que desde joven fue formado como cantante de lied. Una de sus maestras más importantes, Erika Kubacsek, lo citaba todos los fines de semana para ensayar, hasta que se fue a Europa, en 1974. La maestra sabía que el tenor tenía la capacidad para hacer una carrera internacional.

Araiza recuerda que la maestra González también conocía sus posibilidades vocales. Por eso, en 1973, un año antes de que partiera a Europa, la soprano le dijo: “Mijito, ya no te puedo enseñar nada. Cambia de maestro.” Pero el tenor nunca dejó de ser su pupilo e, incluso, aplicar técnicas y ejercicios con sus propios alumnos.

“Es difícil encontrar un buen maestro –concluye–. El cantante joven que encuentra uno en este tiempo tiene un gran avance.” La fotografía colocada al lado de los ponentes soporta las palabras de Araiza y explica parte de su triunfo, además de su gratitud.

Juan Solís