Durante el siglo XVIII, en medio del gran auge de la ópera italiana, surgió una figura que al día de hoy nos parece una mezcla difícil de creer –entre leyenda y horror–: el cantante castrato.

Los castrati –plural italiano de castrato– eran, de modo literal, hombres castrados entre los 8 y los 11 años para evitar, por medio de la extirpación de los testículos, que sus voces cambiaran a la de un hombre adulto.

La castración ha existido desde tiempos ancestrales como un modo de subyugación y poder, pero la castración con fines musicales surgiría alrededor del siglo XVI en Italia cuando el Papa Paulo IV emitió una prohibición para que las mujeres cantaran en las iglesias y los escenarios basada en cierta carta de San Pablo a los Corintios que decía: Las mujeres guarden silencio en las asambleas porque no les es permitido hablar.

Así, paulatinamente se incorporarían a los coros de la Capilla Sixtina cantantes castrati que establecerían una tendencia que marcó la música de la época barroca en Europa.

Los castrati tenían cuerdas vocales de niño, por lo que su tono natural era similar al de estos y las mujeres. Adicionalmente, tenían la traquea y pulmones de un hombre con todas sus virtudes. De esta manera, conseguían una gran potencia de voz que alcanzaba notas muy altas por un largo tiempo.

Esta voz híbrida era considerada celestial por el público de la época, y se sabe que durante el siglo XVIII cuando menos 100 mil niños fueron castrados para preservar sus voces. Estos cantantes se convertirían en las más grandes celebridades de aquel momento, las primeras superestrellas internacionales y quizá los mejores cantantes virtuosos de la historia.

Varios de estos cantantes gozaron una enorme fama, vivían entre la corte y solían ser contratados por Georg Friedrich Händel, quien además creó obra para ser interpretada específicamente por castrati.

Pese a que eventualmente la iglesia –después de propiciar la práctica– prohibiría realizar castraciones con fines musicales, la tradición pervivió y desapareció sin mucha de su intervención. Los cambios sociales y los gustos musicales del siglo XIX provocarían el declive de la práctica y la fama de los castrati.

El último gran castrato fue Giovanni Battista Velluti (1781-1861) aunque más recientemente se cuenta con la aparición de Alessandro Moreschi, quien no tuvo una formación musical real, pero de quien se poseen algunas grabaciones.

Gabriela Mosqueda/Farenheit Magazine

jcrh