CIUDAD DE MÉXICO,- Una vida tormentosa reflejada en sus óleos y su desenfrenado amor por Diego Rivera forma parte del legado de Frida Kahlo y que se mantiene vigente y muchos seguidores en todo el mundo. Arturo García Bustos refiere lo anterior además de figurar como ayudante de Diego Rivera y José Clemente Orozco.

Como discípulo de la retratista mexicana, el grabador, muralista y miembro de la Academia de Artes habla sobre su encuentro con Frida,  sus enseñanzas, obra y legado.

“Frida era una pintora maravillosa, cuya vida fue muy dramática tras el accidente que tuvo y que provocó que tuviera el valor para pintar el dolor humano que es tan tremendo, el no poder engendrar un hijo que tanto deseaba. Frida es parte de una vida atormentada.

“Y fue toda esta cuestión la que reflejó en su pintura, en sus cartas, es lo que comunicó en su poca existencia, conmoviendo a la vez al mundo, por eso es tan estimada en tantas latitudes”, expresó el creador. Recordó que fue durante su adolescencia, en sus escasos 17 años cuando conoció a la pintora, quien por aquellos años, impartía clases en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda”, situado en el callejón del mismo nombre.

“Ella llega a La Esmeralda muy modestamente con su gran atavío característico, lleno de flores y les dijo a los jóvenes que no venía a enseñarles, sino que todos estábamos aquí porque veníamos a aprender juntos.

“Pasó un tiempo y cuando tuvo su accidente nos informó que ya no podría asistir porque le harían una nueva operación y nos invitó a su jardín en Casa Azul, en Coyoacán”, dijo Bustitos como cariñosamente le llamaba Frida.

Destacó que al arribar a esa casa, él y el resto de los discípulos a los que después los propios alumnos de la Esmeralda llamaron Los Fridos, grupo integrado por Fanny Rabel, Arturo Estrada, Guillermo Monroy y el propio Bustos, encontraron en ese lugar el entusiasmo que les hacía falta.

“El cambio fue maravilloso porque ese patio era un jardín lleno de animales: perros, monos araña, en fin, animales que representaban una alegría para Frida, para Diego, para todos.

“Al final, en ese lugar aprendimos la pintura mural, esa pintura que sale al encuentro con la vida y que no se la pueden llevar los coleccionistas, sino que los muros salieron a encontrarnos”, recordó Bustos, quien mencionó que tras un par de clases en Casa Azul, Los Fridos realizaron un mural en la Pulquería de La Rosita, situada en las calles de Londres y Aguayo, en el barrio de Coyoacán.

Destacó que en 1945, Los Fridos realizaron otros murales, en esta ocasión en los lavaderos públicos, situados también en la zona de Coyoacán, todos bajo la supervisión de Kahlo. Subrayó que Frida, como maestra, era un personaje que motivaba e inyectaba entusiasmo a sus estudiantes.

“Cuando le mostrábamos los trabajos a Frida, ella enseguida nos entusiasmaba, nos decía que íbamos bien, incluso en ocasión con Diego Rivera, quien salía a jugar con los monos arañas, en el jardín de Casa Azul, también decía que íbamos bien”, mencionó.

García Bustos recordó, además, haber tenido el privilegio de atestiguar cómo fue que Frida realizó el cuadro de “La Columna Rota”, en 1944, un desgarrador testimonio de sufrimiento que acompañó a la artista durante toda su vida.

“El cuadro era una obra en la que en un principio ella se plasmó de forma desnuda; Frida siempre nos maravillaba y sorprendía. Yo ví el proceso de esa obra y pasado un tiempo le pregunté por qué le había tapado el pubis a su figura y respondió: lo tapé no por moral, sino para darle mayor fuerza a la columna rota”, expresó.

De acuerdo con García Bustos, quien lleva poco más de 50 años pintando, a lo largo de su vida, Frida Kahlo logró valores humanos que llevó a su obra y que hoy hacen que, mucha gente, incluyendo personalidades como Salma Hayek, Madonna, Ofelia Medina y Beyonce, se identifique con ella. “Frida fue muy humana y llegó al corazón”, concluyó.
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