ESTADOS UNIDOS.- Fidget Cube, es el resultado de cuatro años de trabajo de los hermanos Matthew McLachlan y Mark McLachlan, quienes se dieron a la tarea de crear un dado con interruptores, ruedecitas y botones que no activan nada: están pensados para satisfacer la compulsiva necesidad que todos sentimos alguna vez de pulsar, girar, apretar o clicar sin parar solo por el placer de hacerlo.

Varios estudios confirman que estos comportamientos mejoran la concentración y ayudan a reducir el estrés. Esta es la premisa en la que se basaron los hermanos McLachlan al registrar este gadget analógico —al que han llamado Fidget Cube— en Kickstarter, la página de crowdfunding donde ya han recaudado más de cinco millones de dólares, cuando la meta inicial era de 15 mil.

Este gadget analógico, con botones de distinta presión y sonido, un interruptor, un joystick y varias ruedas y hendiduras, ya se ha colado en las listas de los proyectos que más recaudación han conseguido en una web de financiación popular.

“La clave de este éxito está en que hemos conseguido conectar con una necesidad tan obvia, tan natural, que pasa desapercibida”, aseguran. Aunque ya hay más de 100.000 personas que no se han podido resistir a comprarlo por adelantado, el Fidget Cube no se pondrá a la venta hasta diciembre de 2016.

Para diseñar el aparato que les ha llevado a conseguir este éxito, los McLachlan solo tuvieron que fijarse en lo que estaban haciendo con las manos mientras pensaban en cuál sería su siguiente creación. Se descubrieron a sí mismos apretando sin parar el botón del bolígrafo o moviendo un pie compulsivamente, algo que casi todos hacemos de vez en cuando y que, para muchas personas, resulta “inexplicablemente placentero”. Entonces se propusieron descubrir cómo podían utilizar la tecnología de una manera simple para maximizar los efectos positivos que tiene toquetear cosas mientras estamos concentrados en otras tareas.

Según un estudio publicado por los psicólogos de la Universidad de California Roland Rotz y Sarah Wright en 2015, si algo en lo que estamos ocupados no es lo suficientemente interesante como para mantener toda nuestra atención, los estímulos motores adicionales que sean mínimamente estimulantes (como apretar un botón) permiten que nuestro cerebro se ocupe por completo y que nosotros mantengamos la atención en la actividad principal que estamos llevando a cabo.

Los autores creen que toquetear cosas distrae a la parte del cerebro que se está aburriendo y permite que las áreas principales se centren en lo que estamos leyendo, escuchando o viendo. Esta “atención flotante” podría ser un rasgo evolutivo que data de los tiempos prehistóricos, cuando la habilidad de concentrarse al 100% en una sola tarea no era lo más deseable. Dedicar toda la atención exclusivamente a un objetivo podía poner en peligro la vida del cazador que, concentrado en encontrar una presa, no fuera capaz de darse cuenta de que le estaban acechando tras los arbustos.

 

jcrh