PITTSBURGH, ESTADOS UNIDOS.- Gracias a un implante cerebral y un brazo robótico un hombre que perdió la sensibilidad en sus manos tras un accidente vuelve a experimentar el sentido del tacto. El experimento, dado a conocer el jueves, constituye una etapa inicial en los intentos para fabricar prótesis sensibles.

Para llevar a cabo este sensacional avance, pequeños procesadores informáticos implantados en el cerebro de Nathan Copeland se saltan la médula espinal que tiene dañada y transmiten las señales eléctricas que gobiernan el movimiento y la sensación hacia y desde el brazo robótico.

De esta forma, con los ojos vendados, Copeland pudo identificar acertadamente en el 84% de las ocasiones cuál de los dedos robóticos le tocaban los investigadores de la Universidad de Pittsburgh.

Aprovechar las ondas cerebrales para controlar prótesis es un campo excitante debido al objetivo de dar a los discapacitados más independencia y mejorar las extremidades artificiales para quienes hayan sufrido una amputación.

La prensa ha informado en los últimos años sobre los experimentos en los que personas paralíticas han movido un brazo robótico para tocar un ser querido o tomar una bebida, simplemente con imaginar el movimiento.

Los pensamientos activan implantes cerebrales que transmiten señales eléctricas necesarias para controlar el movimiento. Estas señales son transmitidas mediante una computadora a la extremidad robótica. Sin embargo la novedad estriba en que se ha logrado recrear la sensibilidad mediante esta tecnología controlada por el cerebro.

A fin de cuentas, un movimiento adecuado no depende simplemente de mover algunos músculos. Alcanzar un objeto y tener sensibilidad al tacto contribuye a que uno pueda asir algo de manera natural, con la suficiente fuerza para sostenerlo sin que se caiga y sin aplastarlo.

El primer paso es la colocación de sensores en las prótesis. El siguiente obstáculo es cómo permitir la retroalimentación hacia y desde esos sensores. En las personas que han sufrido amputaciones, algunos científicos intentan conectar directamente los nervios que les quedan en la parte restante de la extremidad natural de la persona en el brazo robótico.

Esa comunicación es imposible si una lesión en la médula espinal ha interrumpido el intercambio normal de señales entre la mano y el cerebro. Sin embargo, investigaciones previas con monos dejaron entrever que los puentes con implantes cerebrales podrían suplir ese intercambio de señales.

con información de la Universidad de Pittsburgh

jcrh