Es bueno señalar que el número de casos en obesidad a nivel mundial se ha duplicado desde 1980, pensando en ello un grupo de científicos del Imperial College de Londres ha creado un compuesto que erradicaría el deseo de consumir alimentos calóricos.

Las fantasías gastronómicas ganan terreno cuando el hambre acecha. En momentos en los que el único objetivo pasa por saciar las ganas de comer, la aparición de platos ricos y calóricos desplazan notablemente a aquellos en los que abunda la presencia de factores saludables.

El pensamiento que surge del cerebro es normal. Cuando los antojos asaltan, una porción de pizza o un sandwich de milanesa pueden resultar más atractivos que un plato de vegetales o una ensalada de frutas. Los médicos y nutricionistas son claros a la hora de explicar cómo manejar este tipo de vivencias: no está mal darse un gusto y calmar los caprichos, pero en situaciones ocasionales.

El problema está en la repetición de estos actos, que rompen la dieta saludable y promueven el constante consumo de ingredientes y alimentos con más grasas y más calorías. En esa línea, muchas personas luchan día a día por escaparle a las conductas que ha rutinizado el organismo y que solo logran un aumento progresivo de peso, complicando así la salud de los seres humanos.

Preocupados por el crecimiento de los índices de sobrepeso y obesidad -según la Organización Mundial de la Salud, desde 1980 la obesidad se ha duplicado en todo el mundo-, grupo de científicos del Imperial College de Londres comprobó que un licuado con sólo 10 gramos de un suplemento desarrollado por ellos mismos llamado inulina-propionato reduce la apetencia por la comida muy energética y, además, hace que se coma menos.

El trabajo se publicó recientemente en The American Journal of Nutrition Clinical y es la continuación de otro informe de 2014 que encontró que este suplemento reduce el apetito en personas con sobrepeso. La clave está en que el compuesto aumenta la cantidad de propionato –que se genera por la fermentación de la fibra dietética por las bacterias del intestino (microbiota)– que estimula al intestino para liberar las hormonas que actúan sobre el cerebro para reducir el hambre.

Los investigadores analizaron el preparado en hombres adultos sanos y sin problemas de peso. Después de darles de tomar un licuado suplementado con inulina-propionato, les mostraron imágenes de comidas muy calóricas (pizza, pasteles y chocolate) y otras más sanas (ensaladas, pescado y verduras). Luego, mediante una resonancia magnética funcional (RMf), estudiaron cómo reaccionaba el cerebro ante la vista de esas fotos.

Se reveló una menor actividad de las áreas de recompensa –relacionadas con los antojos de alimentos– ante la visión de las comidas más sabrosas en las personas que habían tomado el suplemento de propionato. Los participantes recibieron -por parte de los investigadores- un plato de pasta con tomate y carne y quienes habían consumido el batido comieron menos.

Los más críticos del estudio británico radicaron su disconformismo en los numerosos estudios de RMf, que arrojaron defectos por un error en el software que utiliza el sistema. La revista PNAS publicó que “es un error sistemático que detecta iluminaciones cuando no tienen que ser y viceversa, una afirmación que está basada en una revisión de más de 3.000 estudios que utilizaron esta técnica y que fueron invalidados por ese error de software”.

El grupo del Imperial College reconoció las limitaciones de su trabajo e insistió en que “es una pieza para completar el rompecabezas que regula la conducta alimentaria”. Mientras, prosiguen las investigaciones encaminadas a desarrollar ese preparado sobre el que han manifestado su interés numerosas empresas de alimentación.

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