MÉXICO.- La energía nuclear es cosa seria: no puede quedar en manos de cualquiera. Lydia Paredes, está al tanto de esto, no por nada, se encarga de dirigir el Instituto Nacional de Investigaciones Nucleares (ININ), organismo que en 60 años de existencia había sido dirigido solo por hombres

Claro que su llegada a dicho puesto, no fue cosa sencilla. Con solo 20 años de edad, la joven Lydia llegó al ININ y ascendió desde el primer peldaño: sus primeros años fue becaria y llenaba las bitácoras del reactor nuclear, bajo la supervisión de ingenieros que fueron sus maestros y 30 años después son sus subalternos, aunque todos se asumen como un equipo.

He pasado por diferentes departamentos y, la misma necesidad de entender lo que estás haciendo, para trabajar a la altura de la necesidad del cargo, es lo que me obligó a seguir estudiando, entonces terminé con una licenciatura, dos maestrías, un doctorado y tres diplomados. Todo mientras trabajaba aquí”, recuerda Paredes.

Curiosamente, el “primer amor” de Lydia fue la Química, pero esto cambió luego de que un investigador del ININ acudió a su colegio a ofrecer una charla sobre el trabajo del instituto. De esta forma, ella figuró en las filas de la primera generación de ingenieros en Energía de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), en la subespecialidad de Energía Nuclear.

Posteriormente, recorrió el camino de cualquier principiante: prácticas, servicio social, trabajo en el reactor para su tesis y, cuando se abrió una plaza, ingresó formalmente al empleo de su vida.

Por supuesto que al fungir en el cargo de directora, las responsabilidades son muchas y son grandes. Simplemente tomemos en cuenta en el ININ, se haya el único reactor para investigación en México, el único fuera de una planta nuclear, en el que se “activan” fármacos para volverlos radiactivos y usarlos en terapia contra el cáncer.

Con el irradiador de rayos gamma esterilizan material hospitalario y matan las bacterias de alimentos -como condimentos- para usarlos en la industria sin necesidad de adicionar conservadores.

En los laboratorios se analizan materiales para determinar su composición -desde arenas de construcción hasta hallazgos arqueológicos- y ahora también esterilizan tejidos humanos para dejarlos libres de infecciones y ayudar a que el cuerpo receptor no los rechace.

“Es una responsabilidad muy fuerte, eso obliga a que para poder dar una instrucción hay que dedicar muchas horas de estudio, para que uno pueda argumentar una instrucción técnica”, explica la jefa del Instituto.

jcrh