NACIONES UNIDAS,- Muchos analistas y activistas están desorientados respecto a la actitud de Donald Trump presidente electo de Estados Unidos respecto a su posición del cambio climático. En reunión con periodistas de The New York Times, Trump prometió tener una “mente abierta” en materia de recalentamiento planetario.

Entre las propuestas ambientales de Trump se destaca el retiro de Estados Unidos del Acuerdo de París sobre cambio climático, el desmantelamiento del Plan de Energía Limpia, que procura reducir las emisiones de gases invernadero del país y el desvío de miles de millones de dólares otorgados a programas climáticos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para la industria local de combustibles fósiles.

“La elección de Trump planteó grandes preocupaciones sobre las futuras acciones globales para frenar el cambio climático y ayudar a las personas de los países más pobres y vulnerables a hacer frente a sus devastadores efectos”: Andrew Norton.

El presidente electo también anunció su intención de retirar los fondos para investigación y cambio climático de la Administración de la Aeronáutica y del Espacio (NASA). De hecho, Bob Walker, quien encabezará la transición para el nuevo gobierno, consideró que ese trabajo estaba demasiado “politizado”.

“La elección de Trump planteó grandes preocupaciones sobre las futuras acciones globales para frenar el cambio climático y ayudar a las personas de los países más pobres y vulnerables a hacer frente a sus devastadores efectos”, reconoció el director del Instituto Internacional de Medio Ambiente y Desarrollo (IIED), Andrew Norton, en diálogo con IPS.

A fin de mantener el aumento global de la temperatura por debajo de los dos grados centígrados, como se acordó en el Acuerdo de París, Estados Unidos, el segundo mayor emisor de gases contaminantes del mundo, se comprometió a disminuir sus emisiones entre 26 y 28 por ciento para 2025, respecto de las de 2005.

“Los países querían que Estados Unidos se quedara, pero si no lo hace, no se van a detener; hay una especia de mentalidad de ‘estamos juntos en esto y seguiremos adelante y sepan que Estados Unidos volverá en algún momento’”, comentó a IPS el director de estrategia y política de la Unión de Científicos Preocupados, Alden Meyer.

Trump designó al escéptico en cuestiones climáticas Myron Ebell, quien urgió al Senado a rechazar el Acuerdo de París, para encabezar la transición en la Agencia de Protección Ambiental (EPA), una medida desalentadora para activistas locales.

En lo que respecta a la asignación de recursos, la preocupación principal tras la elección de Trump es el Fondo Verde para el Clima (FVC) de la ONU, creado durante la 16 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), realizada en el balneario mexicano de Cancún en 2010, y lanzado al año siguiente.

Las naciones ricas se comprometieron a movilizar 100.000 millones de dólares al año para 2020 para ayudar a los países en desarrollo a mitigar y adaptarse al cambio climático. Estados Unidos prometió 3.000 millones de dólares, alrededor de 30 por ciento de los casi 10.000 millones ya comprometidos, pero hasta ahora el Congreso legislativo solo aprobó 500 millones.

El efecto de esas políticas también se sentirá a escala nacional, como es el caso del Plan de Energía Limpia, que procura reducir la contaminación por el carbón de las centrales de generación eléctrica.

La quema de carbón es la principal fuente de emisiones contaminantes en Estados Unidos y es responsable de numerosas enfermedades respiratorias, de muertes prematuras, así como de la contaminación y la destrucción de importantes recursos naturales.

Desde 2010, casi una tercera parte de las centrales a carbón se fueron retirando de forma gradual, en el marco de la iniciativa de la EPA. Esa política es una de las principales razones de que las emisiones de carbono de Estados Unidos se redujeran 12 por ciento en una década.

Trump también dijo que daría luz verde a megaproyectos de infraestructura, como los controvertidos oleoductos de Keystone XL y el de Dakota Access. En particular el de Dakota Access, de unos 1.886 kilómetros, es muy criticado a escala local y ha generado una gran resistencia por el riesgo que supone para un territorio indígena, para sus fuentes de agua y por la contaminación que podría generar.

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