Nir Barzilai -director del Instituto de Investigación del Envejecimiento- de la Escuela de Medina Albert Einstein, en la ciudad de Nueva York se ha dado a la tarea de buscar una fórmula capaz de algo similar con la fuente de la eterna juventud. El equipo por su parte requiere recaudar 64 millones de dólares.

Hasta ahora no hay una farmacéutica involucrada y ninguno de los doctores tiene un interés financiero en la píldora, mientras los investigadores planean reclutar personas entre 65 y 79 años. El interés de los gerontólogos en la metformina encaja con la investigación de los Institutos Nacionales de Salud de EE.UU., que también está probando formas de posponer o prevenir condiciones debilitantes o costosas.

La idea detrás del esfuerzo es apuntar a secuencias en el cuerpo, a nivel molecular, que cuando son defectuosas pueden provocar enfermedades crónicas o incluso la muerte, dice Rafael de Cabo, jefe de la Rama de Gerontología Traslacional de la agencia. En los últimos 12 años, su laboratorio y otros han identificado múltiples compuestos, incluida la metformina, que afectan estas secuencias y han permitido a ratones vivir de forma más saludable en la tercera edad, y en algunos casos por más años.

Los investigadores consideran la metformina la mejor opción de todas para probar en los humanos debido a su historial de provocar pocos efectos secundarios o ninguno. Otra cosa que anima a los investigadores es un estudio británico de gran escala publicado en 2014 que indicó que personas mayores con diabetes que tomaron metformina vivieron en promedio más años que sus pares sanos.

Detrás de la manía está una píldora genérica barata y ampliamente usada para la diabetes tipo 2 llamada metformina. Los científicos planean un ensayo clínico para ver si el medicamento puede retrasar o prevenir algunas de las enfermedades más devastadoras de la edad avanzada, desde males cardíacos hasta el deterioro cognitivo y el cáncer. Para poner a prueba la píldora, gerontólogos de 14 centros para personas de la tercera edad a lo largo de EE.UU. harán un seguimiento de 3.000 personas durante seis años. La mitad de los participantes recibirá el medicamento, mientras que los demás tomarán un placebo.

Este hecho insual ha llevado a entusiastas personas mayores de todo el mundo a escribir tanto a Barzilai y sus colegas, pidiendo demostrar que merecen estar en la prueba clínica que se está planeando, este entusiasmo rebasa las expectativas aún cuando la búsqueda formal de pacientes empezaría dentro de un año o más.

¿Qué tal si hubiera una forma de evitar los achaques y calamidades de la tercera edad?

Un hombre de 71 años envió una foto suya con una nota que dice: “¡todavía hago 100 flexiones todos los días!”. Un ingeniero jubilado contó: “Completando dos crucigramas al día; caminando 30-45 minutos al día; tocando el piano por una hora al día; consumiendo 1000 mg de curcuma”.

“Toda la humanidad está esperando y observando”, escribió una persona de 76 años que enseña una clase de “Introducción a Twitter” en un centro para personas de la tercera edad en Las Vegas. Potenciales participantes, de todo Estados Unidos así como de países como Holanda, han inundado la oficina de Barzilai con llamadas y cartas. Otros investigadores que participan en el proyecto también se han visto abrumados.

“Evidentemente nos hemos metido en algo que es fundamental para la humanidad”, afirma S. Jay Olshansky, profesor de la escuela de salud pública de la Universidad de Illinois en Chicago, quien participa en el proyecto.

Personas mayores han averiguado su número de celular y lo han llamado reiteradas veces. “¿Cuál es tu historia?”, le preguntó el doctor a un californiano que lo ha llamado constantemente. El hombre, un emprendedor de 70 años, le dijo al doctor que está disfrutando de la vida y no quiere que se acabe.

Algunas personas dijeron que deseaban prolongar su vida de forma considerable, junto con sus prestaciones de jubilación. “La idea de vivir hasta los 120 años me llena de gran emoción, y también la idea de cobrar mi pensión hasta entonces sería un regalo maravilloso”, escribió un británico de 71 años.

Otros parecen motivados por el temor a un deterioro emocional y financiero. “No es tanto miedo a morir, es miedo a vivir con dolor y agonía y ser una carga para todos los demás y mi esposa”, aseveró Bill Thygerson, un ingeniero de sistemas de misiles retirado de 70 años.

wsj/r3